A doce años de Poemas perdidos
el 31 mar - sin comentarios
"Los dioses engañaron a Orfeo porque era un
tañedor de cítara, pero no un hombre". ( Kierkegaard)
Por Wilder Caururo
INTRODUCCIÓN
Antes de empezar quisiera dejar claramente establecido que no soy amigo de Manuel Cerna Fuentes y que tampoco sé si me interese ser calificado como tal. A Manuel y a mí nos unen determinadas circunstancias que difícilmente pueda precisar por completo hoy. Lo cierto es que sé poco de Manuel , el hombre, sé más del personaje creado, del tipo desbordante de generosidad y gran volumen de voz , de una elocuencia espirituosa.Sé que es un trajinador de noches interminables ; sé de sus argumentos y algunas de sus historias .Pero no sé cuáles sean sus mayores afectos o si los tiene; no sé si es de izquierdas, derechas o centroizquierdas o tirando a ser ambidextro, ignoro si ama realmente a la mujer o a las sombras, no sé si es católico, ateo, agnóstico, israelita o hereje; ignoro tantas cosas de él. Sé que una noche, sin proponérselo, me rescató de ser atacado por un perro rabioso que tenía forma humana y que, luego, tras ese rescate dialogó conmigo durante horas. De esa conversación, iluminada por los distintos colores de una noche festiva, surgió el tema, EL TEMA : POEMAS PERDIDOS. Y en honor a la verdad diré que aunque sé muy poco de Manuel y sus colisiones reales, sé mucho más del significado de ese libro y su trascendencia en la lírica huaracina de la década de los noventa. De ello he venido a hablar hoy.
POEMAS PERDIDOS (1998)
La primera vez que leí este poemario fue el año de 1998, cuando un docente de la UNASAM me lo regaló en vista de mi interés por leer poesía de mi ciudad en aquel tiempo. He de añadir que ya por aquellas épocas había disfrutado de conocer la poesía de Marcos Yauri Montero, delicada, andina, idealizada; la de Abdón Dextre, nostálgica, alegórica y sentida, solo por mencionar a dos de mis poetas preferidos de aquellos lejanos tiempos. Y aunque de hecho la lectura de sus versos causaban en mí una inédita emoción ante la lírica de formas bien construidas, descubrí al caminar y sufrir en mi ciudad que había algo de ella y de sus ropajes nuevos que no había sido dicho y que la imagen propuesta por los poetas del 60 e incluso del 70 se sustentaba en una arrogante nostalgia. Huaraz ya no era "pajarita de campo limpio" como escribiera Abdón Dextre. La ciudad se levantaba de las ruinas tras el sismo y otro rostro y múltiples cabezas se elevaban en ella y sobre ella. Huaraz se asomaba a la modernidad plena para bien o para mal. Intentar captar e interpretar la emoción que resaltaba en ella en aquellos momentos reclamaba con urgencia una expresión novísima.
Fue en aquel momento y, con el candor propio de la juventud, que imbuido por mis lecturas y mi deseo de experimentar con nuevas formas; creyendo, ingenuamente, que mi esfuerzo era único y, sobre todo nuevo, en el ámbito de mi ciudad, que hice el ensayo frustrante de muchos versos. Fue en aquel momento que leí Poemas perdidos y me percaté que alguien de una generación distinta a la mía ya había iniciado ese presentido derrotero poético y que, para mi sorpresa, lo mostraba en un libro orgánico. Como pueden suponer, ante tal descubrimiento, me sentí molesto conmigo mismo y destruí cuanta cuartilla tuviera de mis fallidos intentos y procedí a leer con rabia y con admiración.
La lectura de los versos de Manuel me ayudaron a percatarme que había dejado de lado la lectura de mis coetáneos y que había minimizado sus búsquedas y aciertos. Manuel era la mejor expresión del hallazgo de nuevas formas de "poetizar la urbe andina en toda su complejidad", tal y como afirmara Colchado Lucio en el prólogo del libro. Hay en el poemario Poemas perdidos un desparpajo enorme de alucinaciones, de tintes extraños, de fijaciones y obsesiones de una criatura de la noche o de un ser acosado por la culpa y la locura y el inexorable paso del tiempo. Dice Colchado, en el prólogo, que lo mejor de ellos es el tratamiento de los temas evocativos; disiento con el autor de Aurora tenaz en el sentido que lo mejor del libro es lo que no dice, lo que nos oculta tras esas fórmulas crípticas de una realidad alucinada. Hallo en ellos una superación de las formas tradicionales de poetizar en mi ciudad. Manuel acometió el riesgo de perseguir la forma precisa que mejor se acomodara a sus insatisfacciones o pulsiones."Necesito una ciudad/ llena de crímenes/ para saber quién me salva" clama la voz poética casi al punto de la histeria en el poema Somnopatía. Los textos de Manuel Cerna son exasperantes para el entendimiento con audaces imágenes y al punto de arriesgarlo todo por la apuesta lírica. Con una visión despojada del idealismo romántico "El poeta es una ciudad muerta/un cilindro que pudiste haber/llenado y/que apenas sobrevive al /rojo cerrar de unos párpados".(¿......?B).
Poemas que no han sido hechos para la lectura complaciente del lector convencional. Reclama de sus lectores una complicidad suprema. En la forma de conjuros atávicos el poeta tiene la alta pretensión de que veamos a través de sus ojos ebrios o narcotizados por esa suerte de belleza que existe en los arrebatos auténticos. Ser humano no basta, no basta respirar, ni escanadalizar al otro, lo que hace falta en realidad es aceptar la terrible sensación de desamparo del yo poético "Entonces- quien pudiera creer-/en una noche de hambre me sentí alegre". (Y si alguien siente que no puede penetrar en la entraña misma del entendimiento de estos versos el problema no se halla en ellos ... es , simple y llanamente, el analfabetismo poético del lector)
Libro de momentos seráficos sobre todo cuando la mirada se torna bucólica y los elementos del paisaje andino vienen al rescate de la escena y lo recubren todo de un halo de ternura, nostalgia y melancolía. Imágenes que se entremezclan con la presencia impertinente de la urbe. "Como piedra del río/ capulí esparcido/ pensaba siempre en ti/junto al camino./Por la chacra,/cuando florecía sol/la mañana. En/el puquio, mientras vientos/manaban manantial con aguacero/Caminaba tu sombra/por la tarde/escondida entre las pencas/atrapando molle azul a mitad del aire. Siempre/Pensabas siempre en mí como aguamonte que madura otoños./Cubríanse nieve los/pálidos rostros con/ su quebrada/ y pensábamos juntos/sobre el sol combatiendo/para ser libre/Hoy-pueblerina,/ nos hemos convertido en largo/pavimento".
Con la yuxtaposición de términos que nos recuerdan a los poetas creacionistas Cerna crea vocablos como aguajunco,lluviabril,casadobe entre otros, permiténdonos apreciar las posibilidades de inaugurar un nuevo conjunto de palabras poéticas y poetizables. (La aspiración de un poeta es la de crear un lenguaje peculiarísimo que sea sinónimo de su palpitar muy personal)
Como puede apreciarse, Poemas perdidos es un texto de peculiares virtudes que no debieron de pasar desapercibidas por la Crítica literaria de nuestra ciudad que, sin embargo, se mostró escéptica y que en cierto sentido ninguneo los aciertos del libro y auguró para este libro lo mismo que para tantos poemarios : un lugar en el baúl de los recuerdos olvidados. Pero lo que no pudo prever la crítica fue la permanencia e influencia de Cerna en la poesía huaracina posterior, sobre todo en los poetas de nuestra a ciudad a fines de la década de los 90 e inicios del nuevo siglo. Afirmar que Poemas perdidos es uno más de los libros de poesía de esa época es faltar a la verdad. Con chispazos de lucidez que estremecen y provocan, el desarrollo de ese "ese salto cualitativo" de Cerna en cuanto a forma y contenido de los textos líricos se puede rastrear desde los poemas publicados en Tiempo Kinto de 1987 y en Oximorones de 1997.Donde el poeta se muestra cauto y algo remilgado...quizá sea por eso que los poemas de Tiempo Kinto fueran más del gusto de la crítica tradicional; es por ello, que se comprende cabalmente el porqué de que en la presentación del texto, Carlos Toledo Quiñones escribiera: "A Cerna le auguro éxitos por su persistente trabajo, a veces terco, sabiendo que busca el pulimiento de la agraciada expresión".
El silencio que determinados críticos han guardado sobre el libro hasta el día de hoy revela cierta miopía ante los valores líricos que los poemas del libro presentan. Y al realizar un evento como este buscamos paliar de algún modo.
Hoy, a doce años de la publicación del poemario es importante que revaloremos los poemas de dicho libro y encomiemos en Manuel su deseo de proseguir con la lucha tenaz con la palabra y que de una vez por todas muestre los frutos de su madurez literaria en un libro que siga el derrotero de una evolución poética y que puedan justificar sus afanes de los últimos años.
Pues vida y poesía se hallan indisolublemente unidas, porque mejor debiéramos morir si no no vamos a atrevernos a vivir... y hay que vivirlo todo, hay que libar la existencia hasta las heces y hay que encontrar en ello el combustible necesario para darle calidez a la poesía más sincera de nuestra época. No hay límites, afirmemos que la verdadera poesía no debiera venderse al mejor postor y que el arte está más allá de ideologías, apetitos personales, aspiraciones políticas y toda esa sarta de mentiras del hombre contemporáneo. Yo sé como Manuel y muchos aquí, que la poesía es un placer para pocos, pero es, qué duda cabe, un delicioso reencuentro con nuestra verdadera esencia: lo humano más humano.
Gracias.

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